UN OASIS DE PAZ A POCO KILÓMETROS

Este fin de semana hemos descubierto un rincón mágico situado entre Constantí y la Selva del Camp: el hotel Monument Mas Passamaner. Llegamos al hotel por una carretera rodeada de avellaneros que nos condujeron hasta la entrada principal del hotel.

El impresionante edificio modernista construido por Lluis Domènech i Muntaner nos recibió con sus puertas y ventanales azules abiertos de par en par. La fachada exterior nos dejó gratamente sorprendidos por lo bien conservada que estaba.VISTAS DEL EDIFICIO PRINCIPAL

Una vez dentro se puede apreciar la decoración cuidada al máximo detalle como corresponde a un hotel de cinco estrellas. En seguida las recepcionistas (muy amables y simpáticas) nos tramitaron el check in y nos acompañaron a las habitaciones. Sorprende lo grande que es el edificio principal donde se encuentran el restaurante, dos salones para  mirar la tele o jugar y la biblioteca. Cruzamos por un patio y llegamos a la zona de las habitaciones. Un edificio de una sola planta con las habitaciones donde cada una de ellas recibe el nombre de un arquitecto modernista catalán. No hay dos habitaciones iguales y eso es lo que lo hace especial.

Una vez dentro de la habitación (nos hospedamos en una doble) la decoración y el cuidado máximo de los detalles volvieron a estar presentes. La cama de enormes dimensiones (2 metros x 2 metros) y muy cómoda era la reina de la estancia. No faltaban la televisión de plasma, la nevera, el armario con luz interior y las zapatillas para ir cómodos.

El baño era de tamaño considerable. En una zona había el lavabo y la bañera y cerrado con puerta estaba el retrete y el bidé. A parte de toallas y albornoces disponíamos entre otros de jabón, crema corporal o cepillos de dientes cortesía de la casa.VISTAS DE LA PISCINA DES DE LA HABITACIÓN

La habitación disponía de una terraza con dos hamacas y con acceso directo a la piscina. Una vez cambiados y con el bañador puesto nos dirigimos a disfrutar del relax de la piscina tumbado en las hamacas. Y la sorpresa fue cuando al estirarnos nos dimos cuenta que eran muy bonitas y muy de diseño pero muy incómodas debido a la rigidez del material.

PISCINALa piscina no es muy grande y el agua estaba bastante fría. Pero disfrutamos como niños bañándonos en ella. A media tarde una chica muy simpática llamada María nos sirvió dos botellas de cava y nos trajo unos aperitivos. Estuvo muy bien hasta que uno de nosotros apercibió que el cava estaba caducado des del julio pasado. Se lo dijimos y muy amablemente nos las cambiaron.

Al hacer el check-in ya nos reservaron hora para el spa. Cuando llegamos nos quedamos un poco sorprendidos ya que al no llevar gorro lo tuvimos que pagar si queríamos entrar en el spa. Creo que siendo un hotel cinco estrellas y debido al precio nos lo podrías haber regalado. El circuito lo realizamos de tres en tres para evitar molestarnos. La primera parte era un baño con chorros que alternaba agua fría, caliente y la potencia de ésta. Luego se pasaba a la sauna, a los baños turcos, al pediluvio (caminar por encima de piedras a la vez que los chorros de agua te masajean las piernas) y finalmente estaba la piscina. La piscina constaba jacuzzi, chorros masajeadores para la espalda y unas hamacas con opción jacuzzi. Pero lo que nos sorprendió más fue el jacuzzi al aire libre ya que disfrutamos de las vistas con un agua a 32 º de temperatura.

Una vez finalizado el circuito nos fuimos a duchar y luego a cenar al restaurante Casual. Un bonito lugar emplazado en medio de una inmensa explanada verde con unos ventanales enormes que te dejan disfrutar del ambiente de relax y paz del hotel. El menú consistió en un tartar de salmón, unas berenjenas rebozadas y como segundos se podías escoger entre el atún a la planxa o las carrilleras maceradas durante veintisiete horas. Y como postres había la opción de helado de mojito con ron o helado de frambuesa con espuma de crema catalana. La verdad es que todo estaba excelente. Y además acompañado de vino tinto o blanco de la comarca.

Después de cenar nos tomamos una copa en las mesas de alrededor de la piscina. Qué tranquilidad! A penas se oía el ruido de los grillos.

SECCIÓ DE DOLÇOS AL BUFET DE L'ESMORZARCuando nos levantamos nos pusimos el bañador y nos dimos un baño solos en la piscina. Disfrutando de la tranquilidad y el relax. El desayuno era en el mismo restaurante donde cenamos. No tuvimos queja alguna ya que era un bufé digno de un gran hotel. Gran variedad de productos y todos de calidad aptos para todos los gustos. Había des de pasteles caseros (brazo de gitano o cheese cake) hasta salmón ahumado. Así que tanto los amantes de lo dulce como los de lo salado estaban satisfechos. Son muy raras las veces en que te paseas por un bufé y te comerías todo lo que ves. Pues allí nos pasó a todos.

Sinceramente os aconsejamos que si alguna vez podéis escaparos a este magnífico hotel no dudéis en hacerlo. Os encantará. Disfrutaréis de un excelente servicio en medio de un oasis de paz.